Hace unos días se celebró una nueva edición, la sexta, de la Media Maratón Nocturna de Ponferrada. Se trata de una cita ineludible del verano con el running en la ciudad. Más de 800 inscritos en la carrera "grande" y un montón de niños en la carrera familiar han llenado de corredores y de ambiente la ciudad.
Ahora, vista desde la distancia y desde el punto de vista de un corredor que no participó pero que sí colaboró, aún me quedan en la retina y en la mente, fotografías y vídeos de aquellos momentos, que pueden parecer insignificantes, y de aquellas personas que no aparecerán en la prensa por su marca o su puesto de honor en la clasificación.
Recuerdo a los niños, que participaban con especial ilusión en la carrera familiar, algunos acompañados por sus padres, sus hermanos o sus tíos. Llegaban a meta con el objetivo alcanzado y recogían su premio en forma de camiseta, que lucían con orgullo, y su avituallamiento.
Una vez finalizada la entrega de regalos, subí a la salida, con el fin de ayudar a los corredores a ubicarse, o a lo que fuera menester. Una vez allí no pude sentir más que mucha envidia, viendo a mis amigos preparados, nerviosos, con ganas de empezar, envueltos en ese maravilloso ambiente, público expectante, música espectacular ("Highway to hell" de los AC-DC), que hacía que los corredores saltaran y gritaran, los espectadores también, y todos quisiéramos echarnos a correr con ellos...
Tras el kilómetro 2, de vuelta al castillo, animé y aplaudí a todos los corredores, del primero al último, con el público increíble, entregado a la causa, respondiendo a los gritos de los corredores. Más envidia.. :-)
A partir de ahí, peregrinar de corredores por la ciudad, ánimos para los que iban en cabeza, a los de casa, a los del medio y sobre todo a los del furgón de cola, muchos de ellos amigos, que perseguían el sueño de acabar su primera media maratón.
Una vez llegada a mi puesto en meta, en la recogida de los chips, pude disfrutar al máximo de la llegada y de esos pequeños detalles...
Recuerdo al vencedor, de rodillas, dando gracias por la victoria.
Los abrazos de los corredores con sus liebres (oficiales, oficiosas o improvisadas), al llegar, exhaustos pero felices de haber cumplido con su objetivo.
Permanecen especialmente las lágrimas de Anina, compañera de la ULE, cuando se abrazó con sus ángeles de la guarda (Pili y Chus), al finalizar su primera media, o la gran sonrisa de Esther, al finalizar su debut en la distancia. La cara de satisfacción de Miguel, María y Luismi al llegar. También el baile de Ramón, o la gran sonrisa y el sprint final de Paco Bao...
Éstas son las imágenes que quedarán en mi mente. Porque ellos, los corredores anónimos, más allá de un puesto en la clasificación general, son los grandes protagonistas y los vencedores de las carreras populares.
A ellos les debía esta crónica.























